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Cuando la jornada laboral se vuelve una carrera de resistencia

Autor: Alfredo Durán

Hay equipos que llegan al final del día con la agenda llena, pero con la sensación de haber avanzado poco. No necesariamente porque falte compromiso. Muchas veces pasa porque la jornada se consume entre urgencias, interrupciones, prioridades que cambian y tareas que no siempre conectan con un resultado claro.

Ahí aparece una señal que las empresas no deberían ignorar: colaboradores que trabajan mucho, pero cada vez tienen menos espacio para pensar, proponer o mejorar la forma en que hacen las cosas.

La OCDE reportó en 2026 que, aunque en México las horas trabajadas han empezado a reducirse, siguen siendo altas frente al estándar de sus países miembros. El dato abre una conversación importante: el reto ya no es solo cuánto trabaja una persona, sino qué tan bien está diseñada su jornada para producir valor.

En muchas organizaciones, sobrevivir al día se vuelve parte de la cultura. Se premia estar disponible, responder rápido, resolver incendios y llenar la agenda. Pero pocas veces se revisa si esa dinámica está ayudando realmente al desempeño.

Un equipo puede operar así durante un tiempo. Lo difícil es sostener buenos resultados cuando todo depende de aguantar el ritmo.

Desde el desarrollo organizacional, el punto no es pedir menos exigencia. Es construir mejores condiciones de trabajo: objetivos claros, líderes que prioricen, procesos más simples y equipos con habilidades para organizarse mejor.

La productividad no empieza cuando el equipo hace más. Empieza cuando puede trabajar con más claridad.

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